Una lectora nos manda una historia y nos dice que si la podríamos compartir en el blog, porque se le hace un tema muy interesante y muy importante, para todas aquellas personas que de alguna manera quieren ser mejores personas, o que realmente quieren crecer emocionalmente.

Vamos a Omitir el nombre real porque no quiere ser mencionada, y lo vamos a respetar, pero le damos el crédito que se merece.

 

Y dice: 

Cómo algunos saben en estos días he estado viajando, por diferentes estados de mi país, y en esos lugares me he encontrado con diferentes tipos de personas, con diferentes estilos de vida, diferentes estatus sociales y lógicamente con diferentes mentalidades, no me gusta clasificar a las personas de esta manera, lo que quiero es que tengas una idea más clara de lo que estoy hablando. Quiero contarles algo de lo que me he dado cuenta, y es que muchas veces confundimos la palabra pobreza con la palabra humildad.

 

En una de estas ocasiones estuve con una persona la cual realmente me trataba muy bien, me ofrecía cuánto tenía y podía, eso sí, sin escatimar, ya que económicamente era de clase media.

 

No les voy a mentir diciéndoles que es la única persona que ha hecho esto por mí, a lo largo de mi vida me he encontrado con muchas personas muy generosas, a lo que voy es que en este caso en específico, me abrió los ojos para un tema de conversación para tu podcast.

 

Que esta persona se comportará conmigo de esa manera realmente no me sorprende, porque habíamos coincidido varias veces y siempre se había comportado de la misma manera, muy amable, muy amigable y no tengo nada que reclamarle. 

Lo que es tema de conversación es que, con el paso del tiempo me di cuenta, que no se comportaba con todas las personas de la misma manera. Resulta que estando en un restaurante, el mesero realmente se equivocó y nos trajo un platillo que nosotros no le habíamos pedido, sé que esto es molesto y que a todos nos puede pasar, de hecho sí a nosotros nos traen un platillo que no pedimos, lo más lógico es que lo rechacemos, y si aceptamos el cambio nos podemos quedar con ese platillo pero ya depende de nosotros, entiendo que de repente esto nos puede pasar a todos.

Aquí el detalle es la forma en que reaccionas, la forma en que llevas las cosas y la forma en que le haces ver el error a esa persona. Aquí es donde demuestras realmente sí eres humilde o no.

Esta persona realmente reaccionó de una forma grosera, y eso fue lo que no me gustó, le pedí de favor que dejara de comportarse así, y que me dejara manejar esa situación, lo que dijo es que él no se iba a comer eso porque no era lo que había pedido, pero lo hizo de una manera grosera, terminé pidiéndole disculpas al mesero y le pedí que nos cambiará el platillo. El chico realmente se veía apenado. 

Después de esa situación lo que hicimos fue terminar de comer y retirarnos de ahí. Al final terminé pagando la cuenta y pagando los dos platillos, el platillo que por error nos habían servido lo pedí para llevar. 

Yo sé que esa persona qué me invitó no tiene recursos ilimitados, trabaja como cualquiera de nosotros en una oficina, y de ahí obtiene sus ingresos.

De regreso a nuestro departamento, me preguntó que por qué me había traído el platillo si había sido un error del mesero, y que no teníamos tanto dinero para pagar porque éramos humildes, a lo que le respondí que si le explicara él no entendería y que no se preocupará que yo lo había pagado con mi dinero.

Y es que una persona arrogante no entiende la diferencia entre ser pobre y ser humilde.

Muchas personas confunden esta palabra creyendo que ser pobres ya los hace ser humildes.

Ahora te pregunto a ti ¿y tú eres humilde?

¿Qué opinas de este tipo de personas? ¿Te has topado con alguien así?

Dejanos tus comentarios.

Una idea en “ No confundas pobreza con humildad.”

  • Estoy de acuerdo con este artículo, muchas confundimos la pobreza con la humildad. Yo misma he dicho. Comemos lo que hay porque somos humildes. Y es ahi dónde estamos confundidas. No es lo mismo humildad que pobreza.